Mañana no será lo que Dios quiera

25 01 2010

Hace unos días volvió a venir a  Zaragoza mi poeta vivo preferido: Luís García Montero.

Ya lo había visto hace unos años, cuando vino a la presentación de uno de sus libros, Vista Cansada, y me encantó, así que volví a ir a verle sin dudarlo.

Y  me encantó de nuevo.

Volvió a dedicarme  otro de sus libros diciéndome que disfrutase de esas poesías con melancolía optimista.

Y la poesía por la que lo conocí es Aunque tu no lo sepas:

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos…

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

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Digno, peleón, con clase

21 11 2009

“Recuerdo cuando conocí a Enrique. Debía ser el año 95. Yo empezaba a tocar en el Rincón del Arte Nuevo y él “hacía” gloria junto a Begoña Larrañaga, en el acordeón. Ellos tenían el mejor show del local de Juan y formaban un dúo fantástico, que mataba por Carlos Cano y José Alfredo Jiménez, y Enrique no quería bajarse del escenario ni por ésas. Siempre estuve convencido de que lo hacía por el puro y sencillo placer de tocar.

A veces, podía parecerte que estaba disperso antes de empezar su concierto, pero una vez que estaba metido en el ajo siempre daba el cien por cien. Mucha gente habla de la oscuridad de Enrique, pero yo recuerdo a un tipo con sentido del humor tremendo, descojonándose con Faemino y Cansado en Galileo, y feliz e iluminado por la presencia de su hija María en el backstage del Hard Rock Café.

Era un tipo especial que mantenía la distancia para protegerse, pero siempre se acercaba otra vez a mí para que no me equivocara en las decisiones importantes de mi vida y de mi carrera. Conmigo siempre fue un gran compañero. Tenía clase y transmitía dignidad, sabía tela, pero tela, de música, era peleón y a veces gastaba malas pulgas, pero luego se hacía querer con media sonrisa. Me acuerdo mucho de él cuando voy a un buen concierto. Pienso cómo le molarían Lucinda Williams o Ron Sexmith. Él era un fan de la música, un auténtico amante de la música, que no estaba en esto por hacerse famoso. Porque rechazaba todo lo que no fuera de verdad. A quien realmente admiraba era a artistas como María Dolores Pradera. Me contaba que cantar con ella había sido lo que más ilusión le había hecho de toda su carrera. Yo siempre sentí lo mismo cuando estaba a punto de cantar con el gran Enrique Urquijo.”

Quique González